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Salud

Mitos de las dietas

Salud (Web) 4 de Ago (MI).-  ¿Cuántos mitos conocemos sobre las dietas? Esas creencias sobre lo que engorda y lo que adelgaza son, en su gran mayoría, mentiras producto de la ignorancia. Y no hablamos solo de los productos milagro, las dietas inverosímiles y la dudosa infalibilidad de una alcachofa. También de afirmaciones avaladas por supuestos estudios científicos, arropadas por nuestros médicos y entidades sanitarias.

Son grandes corrientes de pensamiento que nos han hecho asumir la bondad o la maldad de algunos alimentos y la conveniencia de seguir según qué regímenes sin pararnos a pensar que, muchas veces, detrás de esas investigaciones había numerosos intereses, tanto de la industria alimentaria –deseosa de justificarse– como de quienes han encontrado un filón en hacernos engordar para, después, hacernos adelgazar.

Para adelgazar, reduce los hidratos de carbono?

Depende de si la reducción se hace con inteligencia, es decir, bajando el consumo de pan, harinas refinadas y dulces. Es cierto que la ingesta de carbohidratos refinados provoca un aumento de la insulina. Esta hormona los transforma en energía, en forma de azúcar, y a su vez se almacena el sobrante en forma de grasa, sobre todo, alrededor del abdomen. Así pues, está bien bajar la ingesta de hidratos de carbono, pero no debemos hacerlo a costa de frutas, verduras o legumbres, que son muy saludables y nutritivas. Pensemos en alimentos que nos convienen o no, en vez de echar la culpa de los kilos a los hidratos de carbono.

Más información acerca de las falsedades sobre la alimentación en el reportaje ¿Por qué tu dieta no funciona?, escrito por María Borja para el número 13 de la revista Muy Interensante Estar Bien.

No cenar adelgaza?

No nos aclaramos: tras años oyendo que lo mejor para adelgazar era no cenar, ahora se nos dice que no cenar engorda. “En sí, no es ni malo ni bueno”, nos dice Silvia Zuluaga, médico especialista en nutrición.

Si no tenemos problemas de sobrepeso y un día hacemos una comida más copiosa de lo habitual, no pasa nada, porque a la noche cenemos una fruta, un vaso de leche o nada. La cosa cambia cuando se trata de una persona que quiere adelgazar e intenta compensar los excesos de esa manera. Entonces, “sale el tiro por la culata: ni la fruta, ni el yogur, ni el jamón de York ni irse sin cenar a la cama van a lograr que desaparezca lo que ha entrado. El efecto que una cena ligera o inexistente tiene en una persona que está a régimen es… anticulpa. Le da la sensación de que ya ha expiado su falta”. El problema es que nuestro organismo no funciona a base de castigos.

“Al día siguiente, la sensación de hambre puede ser mayor, y se corre el riesgo de entrar en un círculo vicioso: he comido más de lo que debía… me siento mal; me castigo comiendo menos… tengo más hambre y más ansiedad; como más… y vuelta a empezar”, apunta. Es como la afirmación de que hay que comer cinco veces al día. No hay evidencia científica que sustente que hacerlo adelgace más que comer dos, tres o cuatro. Para algunas personas puede ser una ayuda al llegar con menos ansiedad a la siguiente comida. A otras les supone solo una ingesta calórica extra.

Si quieres perder peso, cuenta las calorías

Las calorías cuentan, pero no tiene demasiado sentido contarlas. Este juego de palabras refleja la idea de que, si bien es cierto que las que ingerimos juegan un papel en nuestra masa corporal, el mero hecho de calcularlas no nos servirá para perder peso. Tal y como explica la especialista en nutrición Silvia Zuluaga, “podemos pasarnos todo el día sumándolas, restándolas, intercambiándolas… Sobre el papel, las matemáticas cuadran. Pero en el organismo es otra historia”.

Esto sucede “porque el aprovechamiento que el cuerpo hace de las comidas depende más de la composición del alimento en sí: del aporte de hidratos de carbono, de proteínas, de grasas, de vitaminas, de minerales, de fibra”. Aunque comiéramos la misma cantidad de calorías de galletas que de frutos secos, el efecto sería distinto. “Las calorías reales que aprovecha el organismo no se pueden contabilizar”, apunta.

Frente al viejo concepto del balance energético, ese que nos decía que adelgazar es tan sencillo como gastar más kilocalorías de las que se consumen, se impone en la comunidad científica el centrarse en la calidad del producto. “Va siendo hora de cambiar el enfoque de la nutrición, de fijarse en qué es lo que comemos y no en la cantidad de calorías que metemos. Y no solo para adelgazar o engordar, sino en cuanto al resto de funciones que necesita seguir realizando nuestro organismo”, concluye Zuluaga.

 

 

 

 

 

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